Luis Armenta Malpica: “No solo de pan vive el hambre”

Entrevista realizada al poeta y editor mexicano, director de Mantis Editores, Luis Armenta Malpica  hace más de un año, por el poeta mexicano Carlos Yescas Alvarado. La conversación rondó el tema de su quehacer editorial, de Mantis Editores y más. Hemos decidido volver a publicar esta conversación aparecida en la revista https://revistaliterariamonolito.com/   para conocer un poco más en Chile y otros países de América a uno de los poetas más importantes de México actual.

Por: Carlos Yescas Alvarado

En diferentes momentos, a lo largo de un par de años y varios libros publicados, la conversación con Luis Armenta Malpica se ha convertido en un nutritivo ejercicio de diálogo que alimenta la creación y el espíritu. Así que, para aquellos que van a salir por el pan, aquí va una buena receta, resultado de estas conversaciones.

Antes, vamos a conocer al panadero. Luis levanta la mano para afirmar: “Yo soy Luis Armenta. Soy un autor y editor preocupado por la creación, traducción y publicación de poesía en México, principalmente”. Y así, con esta presentación inicia el diálogo. Ya sabemos quién es Luis y qué hace; pero ¿es tan sencillo?

Luego de andar los caminos de la danza, el teatro, la música, nunca abandonados completamente, llegó a la poesía. Esto no desvío su escritura, al contrario, son ingredientes básicos para ir amasando el pan de cada día, el pan poético que alimenta a Luis Armenta y que también satisface el hambre de aquellos que se acercan a su panadería: la editorial Mantis.

El sostener a Mantis es tan difícil, dice Luis, como sostener una panadería en cualquier parte del país, pero también “tan sencillo como levantarse temprano a prender el horno y preparar la masa para los panes que uno quiere vender o consumir en ese día. Esto es: no soy un privilegiado por hacer poesía ni una víctima del sistema”.  Siguiendo con la analogía panadera, cuestiono a Luis sobre lo complicado que es hacer pan en un país en el que se cree, se carece de dientes para comerlos o donde no se tiene el dinero para comprarlo. Señala que esto es una falacia, pues tiene 18 años haciendo panes y se han agotado; “las encuestas son arbitrarias; ¿contemplan el préstamo de libros, la copia fotostática, la lectura de blogs, de página en red, de otros soportes?”, sentencia el poeta.

 

En cuanto a la falta de dinero para comprar pan poético señala: “Quien busca un pan lo consigue, aunque no sea del día, aunque no venga la pieza completa. A veces uno ve cestas llenas de pan duro que permanecen por horas o días en una calle, ¡y no me digan que no hay hambre en nuestras calles, en nuestra ciudad! Por el contrario, hay gente con los recursos suficientes para comprar no solo un pan sino toda la panadería y lo que desea es un refresco o una tortilla. Decir que no se lee por falta de dinero es una falacia”.

Es mejor decir, explica, que no se come pan poético por desinterés, o simplemente “porque el primer derecho de un lector es a no leer, a decidir qué lee y cuándo lee”. Surge entonces la curiosidad de saber qué ingredientes son necesarios para que Luis Armenta Malpica amase un pan que lo satisfaga, y pregunto: ¿Con qué ingredientes prepara Luis Armenta su pan? “Con los del diario. Para muchos puedo ser un poeta muy referencial y complejo, pero son mis emociones y mi biografía lo que me hacen escribir un libro. No sé hacer poemas, así que hago un libro. Un libro que va más allá de un diario, pero que es del diario. Un pan que al primero que deja satisfecho es a mí o no lo saco del horno”, subraya. Me tomo un momento y pienso, ¿un poeta que no sabe hacer poemas? Es decir, ¿un panadero que no sabe hacer pan?

“No por estar de moda las donas hago donas, en eso soy muy claro. Mi pan es diferente mientras voy cambiando, pero los ingredientes son los que tengo en mis propias manos y en mi propio almacén. Esta sí es una dificultad enorme. Hay revistas que me solicitan un poema breve y no puedo enviarles nada. De verdad que no puedo pensar en un poema aparte del proyecto que traigo entre manos. Siempre, siempre, ha estado atado a otro poema y a otro, por lo que finalmente es un libro. Y tal libro se enlaza al siguiente. Soy, más bien, un novelista de sagas escritas en verso”, explica el poeta panadero.

Y así como Luis Armenta enlaza sus libros, enlazamos el diálogo con la cuestión de los géneros, y de la añeja cuestión acerca de si la poesía es literatura, a lo cual expresa, “las definiciones se las dejo a los académicos. La poesía es una parte esencial de mi vida, una de mis más grandes pasiones, así que no podría dejar de leerla, escribirla y promover su difusión. No la veo como un puente sino como un sitio de convergencia de otras artes y, sobre todo, que me equilibra: mis emociones, mis sensaciones y pensamientos”. Además, se define como “poeta narrador, porque no es la anécdota lo que privilegio ni a los personajes sino la atmósfera, la música, la fragmentación del discurso. Y aunque todo esto existe en cierta narrativa, finalmente apuesto por una metáfora emocional completa, una imagen total a partir de un libro, y no la historicidad o cronología de cierto acontecimiento”.

Cuestiono si más allá de categorías, sea dona, bolillo o panqué, el pan debe provocar una sensación de placer, y también por qué no, en algunas ocasiones hasta indigestión. “Claro. Si yo me procuro un pan será, primero que nada, para saciar el hambre o el gusto. Si para alguien más la harina engorda o le resulta intolerante, no va a comer del mismo pan. Quien busque un pan para presumirlo en casa o someterlo a un concurso de cupcakes, tan de moda en nuestros días, estará en su derecho, pero no es mi caso. Yo como por placer y por un hambre esencial de probar diferentes recetas. A veces no me gustan y dejo ese panqué. Pero le doy la oportunidad a otro, porque así como un hombre es diferente de otro, un pan es diferente de otro pan y un libro de otro libro”, expresa.

¿Qué panes indigestan a Luis Armenta? “Los libros de superación y ayuda, en su mayoría. La literatura complaciente, ya más en específico. Y decir me indigestan no sería lo acertado, porque no los consumo. A veces los pruebo, por desconocimiento o como parte de mi labor editorial, pero reconozco de inmediato si el sabor es acedo, si no están bien cocidos o se pasan de grasa. Los retiro de mi gusto y punto, sigo sano”, me dice el panadero.       Para completar la idea, le pregunto al panadero Luis qué otros panaderos satisfacen su paladar. Responde, “’Moby-Dick’ de Melville o ‘Muerte sin fin’ de Gorostiza. Son muchísimos y hay muchos mexicanos, Ramón López Velarde; Octavio Paz; David Huerta o Eduardo Lizalde, para mencionar a dos poetas vivos, los últimos, que representan un gozo extraordinario”, así como Eugenio Montejo, autor del cual señala Luis Armenta, extrajo la comparación con el pan.

¿Cómo hacer para desarrollar el gusto por el pan poético?, pregunto, a lo cual indica, “supongo que probando mucho pan. Comiendo por deleite, sí, pero más por curiosidad. Si comemos el mismo tipo de pan no seremos expertos en conchas sino ignorantes del resto. No dejaría de comer un cortadillo por nada del mundo, pero si sale un pan nuevo corro a probarlo”.

A la vuelta de un par de años, regresamos a la panadería, en 2017, unos meses después de presentar su más reciente pan: “Greetings to the family”.

¿Qué es más importante a la hora de hacer un buen pan; el conocimiento técnico de la receta y el método, o como decían las abuelitas: “cocinar con amor”?, pregunto a Luis Armenta Malpica. “Creo que los elementos externos también son importantes: la temperatura del horno, los materiales (harina, grasa, azúcar), el estar al pendiente de que la levadura consiga su trabajo y se levante el pan, que se dore la cáscara, que no quede sin fuego algún segmento”, dice.

 

Y de inmediato la siguiente pregunta, como si el pan se estuviera quemando en el horno. Tu trabajo como editor te obliga a conocer del mercado del pan, ¿qué cambios se han dado en el consumidor de cuando empezaste con Mantis a la fecha? “El consumidor de pan cambia poco sus hábitos: busca el buen pan, y aunque la envoltura cambie, no va a importarle tanto, me parece. El mercado del pan que hacemos con la poesía es bastante específico: consigue clientes leales, consumidores fieles, no ese otro mercado de la publicidad y el mercadeo”.

Tú viajas a panaderías de otros países, ¿cómo se logra que el consumidor de lugares como Alemania, por poner un ejemplo, sienta el sabor de los ingredientes mexicanos, que tal vez no le son tan conocidos? “El mundo es tan global en nuestro tiempo que difícilmente podemos hablar de sabores autóctonos. En la poesía es más definitivo el saber esencial, auténtico, que habla por la persona y no por su lugar de origen”.

Pero cómo es que el pandero encuentra su sabor; en el caso de Luis Armenta, cómo fue que lo encontró. “No tengo herencia de harina y azúcar, así que tuve que aprender de otros maestros. Como con la poesía, hay que ensayar, errar, arriesgar con las fórmulas y esperar el resultado que más nos satisfaga”.

¿Te ha pasado que en su momento te gusta mucho un pan que hayas elaborado, y luego ya no te gusta tanto? “Fíjate que no. Me ha pasado que pienso que pudo dar más; conseguir otro sabor, pero esa búsqueda de la perfección también me mantiene alerta, vigente, preocupado por el pan de hoy y el de mañana, no por el de ayer o hace años”.

A lo largo de los años, hemos sentido el crecimiento en el sabor de los panes de Luis Armenta, pero ¿cuál ha sido el pan más sabroso que has amasado, el que mejor sabor de boca te ha dejado? Sin dudar, señala: “Mi esposo. Es un pan de Dios, por cierto”.

¿Y en el terreno de los libros que has escrito? “No (enfatiza) tengo un preferido, pero ‘Voluntad de la luz’ es el que más se ha repartido. ‘Llámenme Ismael’ es el que creo más arriesgado. Nada más por eso, los consideraría especiales”. Siguiendo con su obra, pregunto, ¿y “Greetings to the family”?, creo que también hay riesgo en ese pan; a lo que explica, “Eso dice Luis Vicente de Aguinaga: que es uno de los libros más arriesgados de la poesía de Guadalajara. Tal vez por verlo muy cerca (es el más reciente) todavía no me lo termino, no lo degusto entero.

Cuesta saborearlo al inicio, es cierto, pero luego va uno descubriendo esa mezcla arriesgada de sabores que hay que ir degustando uno a uno, comento, a lo que el poeta señala, “La segunda parte me costó más trabajo, debo reconocerlo. Se me colaron obsesiones y temas que inicialmente no aparecían en el proyecto de canciones del folk”.

Probablemente, las obsesiones del panadero es uno de los ingredientes principales al momento de darle sabor al pan. En este caso, el poeta nos habla sobre esas cosas que lo obsesionan: “muchísimas cosas, sobre todo el arte: los mitos, la relación de una obra con otra, esa casualidad (nada azarosa) que nos hace mirar de una música a un cuadro; de un hombre a un animal y saberlos comunes, piezas sueltas de un gran rompecabezas. Y tratar de unirlos, me obsesiona”.

Las obsesiones se mezclan con los temas al momento de amasar el pan, y algunos, como Juan Rulfo han señalado que solo se habla de amor, muerte y la vida, y todo lo demás de ahí se desprende. Luis Armenta indica, “Se dice que los temas son la vida y la muerte (opuestos), pero el amor, el dolor y muchas emociones están siempre en ese péndulo entre ambas líneas definitivas. Del nacer al morir nos resta la existencia y en ella está todo lo que llamamos mundo. Y lo que no llamamos mundo, pero es otro. Porque también lo que desconocemos tiene una parte nuestra”.

¿La poesía es justamente eso? ¿Lo no dicho? ¿Lo desconocido? “Hay mucho del decir cotidiano y más de lo que se crea con otra voz, una voz misteriosa, develada en momentos, que se crea si se dice (me parece)”, sostiene, y pregunto, en este caso, ¿el panadero existe porque existe el pan? “El panadero hace posible el pan, pero sin esa hambre del hombre ni el pan existiría”, apunta.

¿Entonces el pan no tiene nada qué ver con lo divino? “En mi caso, sí, pero no es una imposición para los otros autores que comparten la harina en la panadería de Mantis. Para mí la poesía es un maná (que cae del cielo), pero es tan humano este proceso que se regresa al cielo, como un maná a la inversa, para que Dios exista”.

Esta harina se ha ido compartiendo a través de Mantis, con quien el poeta panadero ha tenido oportunidad de acercarse a poetas consolidados, pero también a jóvenes aprendices de panadero. ¿Qué panes recomendarías, sobre todo de panaderos jóvenes que están empezando o que tienen poco tiempo en este asunto de la panadería? “La producción de Mantis en estos años recientes ha sido muy fecunda en este aspecto: Gerardo Villanueva (Patrivium); Iván Soto Camba (Gelatina); Abril Medina (Paralipsis); Xitlálitl Rodríguez Mendoza (Jaws); Fernando Carrera (Donde el tacto); Gustavo Iñiguez (Vocación de animal); Ángel Vargas (A pesar de la voz); Daniel Miranda Terrés (Anatomía del fracaso); Fanny Enrigue (Sordina); Patricia Mata (Acantilado); entre otros, me convencen bastante”, menciona.

“Tenemos una muestra de poesía, ‘Siete rutas hacia un bosque alemán’, que incluye a Julián Herbert; María Rivera; Alejandro Tarrab; Sara Uribe; Paula Abramo y Jorge Ortega, de los años 70 en adelante, quienes también me gustan y recomiendo”, esto, claro, bajo el sello editorial Mantis.

Hasta aquí estas conversaciones, que seguramente continuarán en otro momento, pues además de un gran panadero, Luis es siempre generoso y está presto para compartir sus recetas, sus panes, y todo ese mundo de poesía que siempre es un grato alimento.

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