LIBERARNOS DE ATADURAS: UNA APROXIMACIÓN A LA LIBERACIÓN DE LAS RANAS, DE EDUARDO CABEZUDO.

Por: Walter Zuta, poeta.

Es temprano aún y tengo la impresión de que están en el auditorio los que, sin duda, deben estar: familiares, amigos, curiosos y desconocidos como yo. En la mayoría de las presentaciones de libros de poesía prima un sentimiento compartido de fraternidad entre los asistentes (aunque no se conozcan entre sí), en una suerte de complicidad con el autor para ser parte de su propuesta poética, en una ciudad que deja poco espacio para este tipo de experiencias. ¿Debemos ser pocos? ¿Es propio de un evento como éste el que no sea masivo? Quizás deba ser así. Pero es temprano aún. Algo nos mueve para ser parte de este momento.

El título del poemario llama la atención y, a primera vista, parece aludir a un proceso de cambio o de tránsito hacia un nuevo estado de cosas, propiciando una suerte de renovación. La liberación de las ranas crea la imagen de una revelación de algo que estuvo contenido, atado, preso y que puede ahora manifestarse a plenitud, desbordando todo a su paso, como energía que activa todo aquello que es potencialmente dinámico.

¿Acaso el título hace referencia al deseo o a la necesidad de expresarnos libremente tal como somos, deshaciéndonos de ataduras o de prisiones que han limitado durante mucho tiempo nuestro libre albedrío y nuestro propio reconocimiento de lo que hemos sido o queremos ser? En efecto, el libro comienza con un llamado al lector para que acepte ese deseo y esa necesidad de liberación como algo que siempre siente, pero que, por lo cotidiano y lo rutinario de la vida misma, tanto el deseo como la necesidad de expresarnos libremente se subliman ante ciertos patrones impuestos por la sociedad (“encorsetándolos”, si cabe la expresión).

Los versos se caracterizan por el uso de palabras y expresiones coloquiales que nos transmiten familiaridad y cercanía con lo que parece ser el “llamado” del poemario: libertad plena para expresar emociones y sensaciones ante hechos cotidianos, comunes a cualquier habitante de cualquier ciudad. Por momentos, sin embargo, un excesivo coloquialismo parece también quitarle fuerza a la idea y al sentido expresados en algunos poemas. Pero quizás en ello radica lo atrevido de la propuesta poética, haciendo que de la destrucción de cualquier afán ceremonioso surja una voz fresca que nos confronte con una realidad o una experiencia (que es o que pudo haber sido nuestra) sin atavíos, desnuda y descarnada.

El poemario es definitivamente audaz, porque por momentos no importa en los textos la musicalidad de los versos, sino la potencia del mensaje. Sin embargo, creo percibir que en algunos poemas esa potencia se debilita por el uso de expresiones que buscan impregnar de crudeza a los versos, pero que, para mi gusto (muy subjetivo y con ciertos sesgos, sin duda), desentonan: “soy la misma huevada que usted”; “pues cinco años no pasan por las huevas”; “¿servirán en las fiestas pisco con guacamole?”; “que ya no hay cuero en las casacas negras”, son algunos ejemplos. En algunos casos se observa una extraña convivencia entre un verso fallido y un verso bien logrado: “más mordido que fetiche de tiburón/ más tenso que el último deseo de un ahorcado”. Por momentos también se debilita una idea con versos que lindan lo prosaico (“Yo no compro en Ripley/ compro en Saga porque soy surrealista“).

Hay, sin duda, poemas contundentes porque logran generar una emoción intensa. Arqueopterix, (que bien podría considerarse el mejor poema en verso del libro), alude a la naturaleza del poeta, quien para crear se convierte en un ave primitiva que no se adapta al “mundo” (al que se supone pertenece), porque está permanentemente en extinción (aludiendo al proceso creativo como permanente destrucción de lo ya existente). Me atrevo a decir que tiene uno de los mejores versos del libro: “¡A lo que alguna vez fue tu caída llamaremos vuelo!”.

TRES POEMAS DE EDUARDO CABEZUDOhttps://atacamabooks.cl/2018/10/18/tres-poemas-del-libro-la-liberacion-de-las-ranas/

Encuentro también un muy emotivo poema dedicado a César Vallejo, Amigo Chachi, en el que se evoca a la imagen idealizada del poeta (“Vallejo es el mayor de los golem de piedra / Al que llenamos de papel la garganta / Para justificar nuestra plástica ausencia”). Al final del poema, lo idealizado se reviste de lo terrenal que caracteriza nuestra existencia:

Si tú hubieras querido ser Dios

Nunca hubieras nacido hombre

Hombre de verdad

Honesto / Malvado / Brichero

Y de casualidad o por azar

De una divina enfermedad que no te corresponde

Nacido puramente humano.

Otros poemas se caracterizan por enfatizar una idea alrededor de la cual se integran los versos. En Poema para ser leído en el asiento trasero de un patrullero, por ejemplo, se enfatiza la necesidad de empatía que nos permite identificarnos con “el otro”:

Felices hasta que nos ponen uno frente al otro

Y nos creemos la vanidad del antiespejo

Para todos represor o subversivo

Para nosotros

Un hermano disfrazado de a diario

Donde el plato pesa más que la comida.

En Ego, en cambio, se alude a la sublimación de un acto tan humano como el anhelo del reconocimiento y la aceptación de los demás por lo que hacemos:

¡Ay!

El peso de la adjudicación

Las ganas de haber estado donde no estuvimos

La gracia con la que se mienta ese nombre ajeno

Y no poseer las letras que lo han parido

La fama

La ricura de la muerte y la resurrección

En cada uno de los poemas el poeta hace notorio su propio proceso de liberación, despojándose de pudor y poniendo el dedo en la llaga para, sin reparo alguno, revelar aquello que en la sociedad lo convencional y lo conservador oculta: la doble moral, la hipocresía, la intolerancia. Ello se observa en Sobre el derecho al porno y a la vida o Crónica escrita por un pajero conmovido, donde el título en sí mismo contiene la carga de lo que se revela: la ambivalencia de nuestros actos por mantener las formas que impone la sociedad.

Y así siempre

Nos formamos juicios sobre lo que nos parece

Y nunca sobre lo que ha acontecido

Bebemos de la sangre de Cristo

Y no nos importa equivocarnos de arteria

Embarramos el borde de la vereda con la suela de los zapatos

Solo para mantener el blanco de nuestro suelo

Así también en Messiah Complex, la tradición define lo “sagrado” pero termina siendo apenas un punto de vista, una de tantas formas de entender el mundo que nos rodea con sus preocupaciones más simples (“Jesús murió y mis amigos se preguntan: / ¿En dónde estudiarán mis hijos?”). En un mundo donde secretamente deseamos ser el próximo “mesías”, la búsqueda de lo nuevo y de “lo original” podría ser motivada por algo tan terrenal como la vanidad:

Anunciará que él es el futuro la vanguardia y la vida

Que nadie llega al padre si no es a través del hijo

Y su padre abrirá un blog de reseñas y crítica adivinatoria

Y él dirá que su reino solo es de este siglo

En muchos momentos del poemario, la voz que habla no revela con precisión aquello que lo conmueve, pero lo intuimos. Como en Condicionamiento clásico, cuando el poeta confiesa cuán atraído se siente por la mujer amada:

Pienso en ti

Cosas raras esas

De perros y salivación

Por las que termino odiando a Pavlov

También en Tercera generación, somos testigos de cómo el recuerdo de un momento de la infancia adquiere, a la luz del tiempo transcurrido, un significado que le da sentido a la vida presente:

Y recuerdo que mi abuelo sonreía cada vez que me    observaba

Enfocado en mirar el vacío

O salvando a una hormiga de atravesar la sala llena de gigantes

Y retornaba yo a mirar el vacío

Sueña demasiado este chico

Se reía

Quiero creer

Como quien miraba a la esperanza

En cuanto a los poemas en prosa (el libro presenta seis), destacan notablemente III y IV. El poema III concentra un gran peso existencial en un momento tan cotidiano como el de tomar una ducha: la introspección que hace el sujeto poético lo muestra desnudo y, a la vez, vulnerable, reconociéndose como un todo compuesto por fragmentos de sí mismo que buscan la unidad, esto es, el sentido de una vida que parece siempre estar al borde de un abismo, pero que sabe que debe continuar: “Asegurarse, terminar las instrucciones y sentir que para algo seré bueno, pero esto no lo he hecho yo, sino los miles de parásitos celulares que me adhieren a este batallón de anfibios que practican buceo en el desierto”.

El poema IV nos conduce a pensar en el ocio (o entretenimiento) del mundo actual y lo “terrorífico” que podría ser el llevarnos a la más absurda inutilidad, sin proceso creativo, yendo por la vida como zombis motivados por la más absoluta superficialidad: “En ocasiones llenan los circos de payasos con ojos rojos y los sombreros de copa con conejos rabiosos y agrupan en los bares a hombres gordos, calvos y pedantes con mujeres guapas, astutas y vibrantes”.

En suma, La liberación de las ranas me parece un libro provocador, que reta al lector a adaptarse a su atrevida propuesta. La idea de un prólogo que “lo es”, por ser nombrado así, pero que se comporta como si “no lo fuera”, es un acertado inicio porque nos invita a ser parte de algo que pronto conoceremos: “Más allá, hermanos, en el selecto apocalipsis que les espera a unos cuantos, caerán en nuestras manos las herramientas del ataque y la defensa y las diferencias entre el tiempo, la evolución y la circunstancia, para gritar en coro: Miren lo que he encontrado aquí…”.

Asimismo, continuar la lectura con un poema-advertencia (Poesía) y luego con un poema-invitación (Croquis), nos prepara para enfrentar sin armaduras un proceso de liberación de nuestros miedos que, finalmente, permitiría realizarnos a plenitud:

Usted está aquí

Seguramente

No escuchando esto que le escribo

O tal vez huyendo mientras trato de invadirlo

Entonces resulta curioso terminar este breve repaso de mi experiencia con el poemario de Eduardo Cabezudo, haciendo referencia a uno de los primeros poemas del libro. Pues, efectivamente, “estoy aquí”, y creo también que estamos todos los que debemos estar.

Verifico la hora. Falta poco para que den las ocho de la noche de un miércoles 13 de setiembre de 2017. Estamos en el auditorio esperando atentos: la expectativa es creciente. Nos liberamos de cualquier peso y simplemente nos dejamos llevar. Entonces todo parece volver a empezar, conforme ranas imaginarias aparecen desde todos los flancos.

 

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