“SÍNDROME DE ESTOCOLMO” UN CUENTO DE KAREN PESENTI

Magíster en Literatura hispanoamericana, diplomado en literatura infantil y juvenil. Ha participado en talleres literarios con Camilo Marks y Paula Ilabaca. También  ha escrito comentarios de libros para el mercurio de Antofagasta,  para diarios virtuales como el quehaydecierto y el observatodo. Ha publicado cuentos en elfoso.cl (sección de cuentos de terror y sci fi de la editorial austroborea; el ensayo “Rosario Orrego” en la revista Red Cultural y otro sobre la misma autora para la revista TierraCulta. Colaboradora con la consultora Bibliotak en clubes de lectura y eventos sobre fomento lector.

 

Síndrome de Estocolmo

La luz es baja, las cortinas están cerradas. Una mujer deja en un velador una tinaja con agua tibia, una esponja jabonosa y una toalla suavemente perfumada, se molesta por el olor a encierro y camina a la ventana para abrirla un poco, el aire tibio se cuela casi con violencia, aun así ella no corre las cortinas.

Se quita la ropa y desnuda se sienta, tomando la toalla perfumada y pasándola por su cuerpo, eso la refresca, la excita. A un costado de la cama una mirada la recorre. Luego se incorpora en dirección al velador donde dejó el resto de los objetos, los acomoda cerca de su cuerpo y comienza su tarea con deseo, lleva tres meses haciéndolo a diario.

Corre las frazadas y puede ver por completo el cuerpo de un hombre joven que tiene atados sus brazos por sobre la cabeza y en uno de ellos un catéter y una manguerilla de suero con una mezcla nutriente para mantenerlo con vida y reducir sus desechos al máximo. La falta de alimentos sólidos lo han adelgazado notablemente, mostrando sus huesos, también se puede distinguir moretones en las rodillas y en la entrepierna. Alguna vez fue alto y guapo, ahora postrado solo queda su altura extendida en una vieja cama, su rostro muestra signos de cansancio, está pálido, su cabello ,que alguna vez fue rizo, esta cortado a navajadas dejando en su cabeza espacios con heridas.
El ruido de los tacones de la mujer lo hace abrir sus hinchados y enrojecidos ojos.

─Tengo hambre. ─le dice.
─¿Hambre de mí? Mi amor. ─responde la mujer acariciándole el rostro.
─¿Cuánto tiempo Maca?, dime por favor.
Ella sin responder comienza a pasar la esponja por el cuerpo del joven, lo hace con extremo cuidado cuando pasa por sus brazos y cuello, al llegar al pecho la intensidad de las manos de la mujer cambian, lo hace más lento, más pesado, rozando los dedos por los pezones del joven, esto la provoca aún más y busca la toalla perfumada y comienza a tocarse, logrando que sus senos endurezcan, se erecten, acercándose a los labios del hombre mientras ella se da placer con la toalla. Él trata de hablarle porque sabe qué es lo que sigue y tiene miedo de fallar, su corazón se acelera; la mujer pone una de sus manos en el pecho débil del hombre mientras con la otra desesperada comienza a masturbarlo violentamente, tanto que a él le duele
─Maca por favor. Para…dame un pan al menos.

Esas palabras la sacan de su trance y con furia lanza la esponja en la cara, gritando se incorpora
─¿¡No soy suficiente para ti!?, ¡Todo lo que hago, como te cuido, como te amo!
El joven ahora espera que lo golpee, hace rato que sucede lo mismo cuando ella se descontrola, teme al objeto que elija su captora, quien gritando sale del cuarto dando un portazo. Él siente ganas de orinar cada vez que eso sucede, pero también sabe que hacerlo fuera del tiempo asignado significa otro castigo. Siente que su corazón se le escapa por la boca, quiere gritar de impotencia pero prefiere callar y cerrar los ojos. Como castigo su mente recuerda su última noche de libertad, ese día que salió a celebrar con su hermano mayor, cuando bebió ese trago de extraño sabor y subió al auto de ella en vez de esconderse en el propio como lo hacía cuando estaba lejos de casa y con copas de más. Llora un rato sintiéndose el hombre más estúpido de la tierra. Falló. Les falló a todos. Al cabo de un rato, la mujer vuelve con algo en las manos, algo que lo aterra.

─Maquita no. ─le suplica.
─Haz sido malo, amor mío. Yo hago todo para que seamos felices y ¿tú?
─Maquita por favor. Tú sabes que t…
La mujer le cubre la boca con la toalla mojada de su líquido lechoso y comienza a pasar el objeto por el cuerpo del joven, las lágrimas de miedo de su víctima le causan placer, ubica el cuerpo de su prisionero decúbito lateral para colocar correctamente el objeto.
─Ojalá te guste ─le dice ─Lo hice con amor, es brócoli con papas y carne.
Cada vez que recibe alimento de esa manera siente que muere, aun así guarda la extraña esperanza de ser alimentado por la vía correcta.
Cierra los ojos está cansado y su boca tiene el sabor al sexo de su captora, debido al trapo mojado que aún muerde mientras la obsesa sentada a su lado le acaricia la cabeza y besa la frente con desquiciada ternura.
─¿Se te quito el hambre, mi amor?
Él la mira con expresión de animal asustado y mueve la cabeza afirmativamente.
─Mañana arreglaré tu cabello: lo lavaré y cortaré, te dejaré bonito.
La mujer sonríe quitándole el trapo de la boca; él trata de mirar a otro lado y aguantando las lágrimas, le dice:
─Maca. Abrázame por favor. Tengo miedo.

 

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