WALDO LEYVA, POESÍA CUBANA

Tiene más de 15 libros publicados y tres discos compactos con sus poemas. Ha sido traducido al inglés, alemán, francés, ruso, portugués, italiano, rumano, húngaro, polaco, búlgaro, árabe y otras lenguas. Ha recibido diversos premios, los más recientes son el Casa de América de Madrid 2010 y el “Nicolás Guillén” de Cuba 2010.

En cierta ocasión ha explicado que su poesía es vitalista, “una poesía que se alimenta de la vida y la observación, de aprender esa vida en todos los sentidos”. Un elemento  destacable de su estilo  es la certeza que utiliza cuando reivindica el valor de la memoria como parte fundamental de la experiencia personal. En torno a que su poesía abarca distintos géneros y temas, explicó que para él, el tiempo y la memoria son los ingredientes esenciales del ser humano, además de la historia.

“Cualquier ser humano, no sólo un poeta, siempre quiere hacer memoria de su paso por la vida”

DEFINITIVAMENTE JUEVES

 Quiero que el veintiuno de agosto

del año dos mil diez,

a las seis de la tarde, como es hoy,

pases desnuda atravesando el cuarto

y preguntes por mí.

Si estoy, pregunta, y si no existo,

o me he extraviado en algún lugar de la casa,

de la ciudad, del mundo,

pregunta igual, alguien responderá.

El primero de enero del año dos mil uno será lunes

pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada

tiene que ser definitivamente jueves

y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.

Las calles serán las mismas para entonces,

los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,

muchos amigos no estarán

y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,

de la ciudad, de mi país, del mundo.

Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,

prepares la piel

el corazón

las ganas de vivir.

 

RETRATO DE LA EXTRAÑA (ÓLEO SOBRE TELA)

Sentada con un vestido negro que le cubre desde el cuello a los pies, está la niña. La escalera del

piedra va subiendo de su cuerpo a la puerta y la unas flores delante del cristal de la ventana. El

rostro está de frente pero la niña mira hacia otra parte. No es de tristeza el gesto, ni hay rastro de

húmeda en las pupilas, pero se sabe que acaba de llorar, o está llorando aún, por dentro. Hay

un hueco en el pecho de la niña que se puede tocar, ¿es el vacío?

 

TRISTEZA

No hay recuerdos

detrás de esta tristeza,

ni echo de menos nada.

No nació del vino

ni el rasgueo

de cierta mandolina

acompañando un fado.

Es solo una tristeza

sin origen.

¿Tendrá razón Van Hemesen?

¿Existirá una piedra

de la melancolía?

 

CUANDO TOCO SU ROSTRO

                            a Karel, mi hijo

Todavía es un niño.

Tiene la edad en que otros

ya son padres,

pero aún es un niño.

Hay en sus ojos,

en lo más hondo de sus ojos,

una incurable soledad,

pero es un niño, todavía es un niño.

Cuando meto mis dedos en su pelo,

cuando toco su rostro,

se vuelve vulnerable,

siente de nuevo

ese hueco sin fondo de cuya memoria

también me duele el pecho.

 

 

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